Humberto Hauff
Los montoneros Chamorro, Farías y Lemos envolvieron en las mantas las armas recuperadas y las llevaron al furgón, corriendo, maniobrando entre los plomos invisibles y las balas trazadoras.
En los espacios abiertos del regimiento (en el corazón del regimiento, en lugares como la Plaza de Armas, las calles y los parques arbolados) el combate entre guerrilleros y soldados se había vuelto fragoroso.
El tableteo de las ametralladoras ocupaba la tarde formoseña.
Alguna granada volaba una parte de revoque de una pared de la Guardia o de alguna compañía . Una granada estallaba sobre el pavimento de una calle y sólo producía una bocanada de humo gris. Una granada estallaba sobre el césped y producía una metralla de tierra y grama que se esparcía en todas las direcciones.
Los gritos de los combatientes confundían a los combatientes.
Roberto Mayol o Mayor se arrastraba herido sobre el pasto cortito y dejaba una huella de sangre negra, sucia de tierra y briznas . Buscaba la protección del tronco de un chivato cercano.
Los gritos de los heridos (doloridos y aterrados) alertaban y sobresaltaban a los combatientes.
Mayol o Mayor, el montonero infiltrado en el Ejército y entregador del cuartel, se arrastraba herido, muy herido, buscando refugio, hasta que una ráfaga de la MAG lo dejó quieto para siempre. Había buscado en vano la protección del tronco de un chivato.
Los montoneros Chamorro, Farías y Lemos cargaron las armas recuperadas y subieron con ellas al furgón. El furgón se puso en movimiento y buscó, en el tiroteo, una salida.
Sobre el autor: Humberto Hauff nació en El Colorado, Formosa (1960) Es Profesor en Letras, Licenciado en Gestión Educativa y Magíster en Letras por la Universidad Nacional de Rosario, y se desempeña en la Universidad Nacional de Formosa.
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